Quaderns de Psicologia | 2022, Vol. 24, Nro. 3, e1909 | ISNN: 0211-3481 | 
https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.1909

Doing gezoma. Debinarising gender
Sore Vega Sandín
Margot Pujal i Llombart
Joan Pujol Tarrés
Universitat Autònoma de Barcelona
Resumen
El artículo desarrolla una propuesta teórica a partir del trabajo de Rizoma de Gilles Deleuze y Felix Guattari (1980/2015). Se propone gezoma como un dispositivo que permite pensar el género de una manera expandida y, a la vez, desbinarizar el lenguaje y los cuerpos binarios. El objetivo de gezoma consiste en proporcionar un marco conceptual que permita dar sentido a las vivencias subjetivas de las personas no binarias. Esta perspectiva abre imaginarios conceptuales a las personas sin géneros, con n-géneros o fuera de ellos. Se tienen en cuenta las implicaciones de gezoma en las subjetividades de las personas no binarias, mostrando nuevas maneras de conceptualizar el cuerpo, a la vez que se facilitan líneas de fuga para posibilitar lenguajes expandidos e inclusivos. En este sentido, el artículo construye una categoría conceptual procesual y dinámica, el “hacer gezoma” en torno a la problematización de la identidad sexuada binaria y fijada.
Palabras clave: Rizoma; Personas transgénero; Experiencias no binarias; Identidades
Abstract
The article develops a new theoretical approach based on Guilles Deleuze and Felix Guattari's work, Rizome (1980/2015). Gezoma is proposed as a device that allows us to think gender in an expanded way and, at the same time, to debinarize language and binary bodies. The objective of gezoma is to provide a conceptual framework that makes sense of the subjective experiences of non-binary people. This perspective opens up conceptual imaginaries to genderless, n-gendered and non-gendered people. It considers the implications of Gezoma on the subjectivities of non-binary people, revealing new ways of conceptualizing the body, while showing lines of flights that enable expanded and inclusive languages of non-binary experiences. In this sense, the article constructs a processual and dynamic conceptual category, “doing gezoma”, around the problematization of binary and fixed sexed identity.
Keywords: Rhizome; Transgender Persons; Non-Binary Experiencies; Identities
Este artículo es parte y se enmarca dentro de un trabajo de investigación doctoral que explora las experiencias subjetivas heterogéneas de las personas no binarias y sus líneas de resistencia en un mundo binario. Preceden a este escenario, por parte de quienes escriben, trayectorias de activismo transfeminista, una amplia experiencia profesional en psicoterapia con géneros y sexualidades expandidas, así como un largo recorrido de análisis y profundización en la perspectiva postestructuralista queer.
La inmersión en el proyecto de investigación ha supuesto, al mismo tiempo, una experiencia encarnada al alejarse de los géneros asignados para ocupar espacios subjetivos diáfanos, posibilistas, ambiguos y expandidos de género, que conectan con la necesidad de explorar la construcción de marcos teóricos que den sentido a la comprensión de dichas experiencias diferentes.
Gezoma se va a ir gestando, como veremos, con la intención de romper con lo que Monique Wittig (1992/2006) denomina “régimen político forzoso” (p. 74), dónde se asigna un sexo, una configuración social del cuerpo, una categoría de género y una heterosexualidad impuesta. Se volvía urgente romper con el sometimiento al pensamiento recto. Para ello, era preciso salir fuera del sistema lingüístico de la heterosexualidad obligatoria y del género y pensamiento binario.
El sistema binario sexo/género ha creado una ecuación para entender qué cuerpos pueden ser legibles en un bigénero estático. Entendemos que los cuerpos machos, sin ninguna duda, van a ser gratificados con grandes dosis de masculinidad que alcanzarán su máxima expresión binaria en la etiqueta “hombre”. Por esta regla sexo-género, la masculinidad se va a mantener como un privilegio exclusivo de los hombres. (Halberstam, 1998/2008, p. 19). Un dispositivo automático, perfectamente implantado culturalmente, nos lleva a invertir la fórmula y, donde se lee macho, masculinidad y hombre, vamos a insertar hembra, feminidad y mujer. De esta manera, el género se vuelve propiedad exclusiva de los sexos binarios y toda la variabilidad posible queda reducida a la mínima expresión binaria.
Intentar deshacer el género y liberarse de su tatuaje corporizado tiene una mala resolución para las personas desviadas de la ecuación sexo-género binario.
Todo cambio de paradigma, como la propuesta gezomática que presentamos en este artículo, pretende apuntar hacia otros horizontes. Implica introducir nuevas cuestiones conceptuales, metodológicas y técnicas que, a su vez, generan nuevas necesidades de evolución y, así, de manera indefinida, hasta otro cambio de paradigma.
La historia de lo trans ha supuesto una ruptura continua de tabús que se han ido superando, no sin conflictos de intereses, dejando huellas importantes. Por ejemplo, en las demandas de las mujeres trans por formar parte del movimiento feminista y las resistencias que esto genera. Estas resistencias aparecen cada vez que asoma la cabeza un nuevo “monstruo” que amenaza nuestras vidas bien asentadas. Reiteradamente, hemos visto actuar este mecanismo de defensa, de carácter social y psicológico, que prejuicia y rechaza nuevas conductas o maneras de pensarse en cada intento de cambiar un paradigma. En el caso de las corrientes esencialistas binarias, cis (persona conforme con el género designado al nacer) y trans (persona no conforme con el género designado al nacer) van a tachar de inaceptable —o nada menos que una alucinación— las propuestas de entenderse y experimentarse en términos no binarios. Pareciera que la rueda de lo prohibido vuelve a ponerse en marcha con la manifestación de las experiencias no binarias, que desafían posicionamientos ortodoxos respecto al género, sexo, cuerpo, expresiones, deseos. ¿Cómo nombramos a los sexos de las personas no binarias sin caer en referentes binarios? ¿Cómo dar visibilidad a cuerpos no binarios? Todas estas prácticas confrontan las normas al negar cualquier tipo de adhesión a los binarios establecidos, convirtiendo a las personas no binarias en sujetos legalmente discriminados, socialmente ilegibles e individualmente invisibles. “Es en este espacio liminal donde el sujeto experimenta una crisis de significado en la que es posible la transformación: la diferencia entre lo interno y lo externo se vuelve poco clara, y en el proceso, la identidad” (Phillips, 2014, p. 19).
La multiplicidad de géneros, en el sentido que nos permiten interpretar Guilles Deleuze y Felix Guattari (1980/2015), es un devenir en contraposición a la lógica del cisgenerismo que se asienta en el ser: ser hombre o ser mujer. El ser lo entendemos en este contexto tal y como lo describiera Parménides en su poemario “Sobre la naturaleza” como “Necesario [es] esto: declarar e inteligir que ‘lo que es’ es, pues tiene que ser. Y lo que no es, no es” (Zubiria, 2016, p. 19). Una idea del ser como algo inmóvil, indivisible, imperecedero e inmutable.
Es tarea imprescindible captar el devenir más allá de un lenguaje del ser. El devenir como el lugar que se produce al ir de un lugar a otro. Devenir persona sin géneros, o con múltiples, n -géneros, o fuera de ellos, supone prestar atención al camino, al transitar, a ese espacio que crea una posición fuera del binario. Gezoma invita a indagar qué lleva a la persona a ponerse una etiqueta (o a desprenderse de ella) que se sale de la lógica binaria, y entender cómo pueden devenir géneros —o no género—, en vez de dos y sólo dos. Lo que importa, tal y como diría Deleuze y Guattari (1980/2015), no responde a la lógica del ser, la identidad, el lenguaje de los contornos fijos, el que dice que uno es hombre, blanco, occidental. Lo que importa responde a lo que pasa, lo que atraviesa, lo que cambia. Siguiendo la lógica del devenir llegaremos a vivir una vida que no responde a las lógicas del ser.
Gezoma deriva de “ge” (género) y “zoma” (rizoma de raíz).
Género: ficción somatopolítica.
Rizoma: modelo epistemológico que describe elementos no jerárquicos y captura multiplicidades.
“Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 29).
Gezoma podría asimilarse a una figuración al estilo Rosi Braidotti (1994/2000), un estilo de pensamiento que evoca o expresa salidas alternativas a la visión falocéntrica del sujeto; un dispositivo diseñado para desbinarizar género binario. Pero es mucho más que esto: es también un mapa movible para circular más allá del género binario, un mecanismo para descifrar género, un artefacto para detectar y desactivar códigos binarios de pensamiento, acción, cuerpo, lenguaje, afectos, relaciones, etc.
Gezoma bebe de varias propuestas teóricas críticas, pero el referente principal lo vamos a encontrar en el trabajo sobre el rizoma propuesto por Deleuze y Guattari (1980/2015). Es la propuesta de un modelo de análisis que nos va a permitir movernos por, a través y más allá del género binario desde una mirada rizomática, tal y como plantean los autores.
Braidotti (1994/2000) explica el rizoma de un modo elocuente: “es una raíz que crece bajo tierra hacia los costados; Deleuze la elige en contraste con las raíces lineales de los árboles. Por extensión, es como si el modo rizomático expresara una forma de pensamiento no falocéntrica” (p. 59). Esta perspectiva postestructuralista en la que se inscribe Braidotti se alimenta de principios gezomáticos básicos, inspirados en los caracteres generales del rizoma, cuya base principal se asienta en el cuestionamiento del pensamiento lineal occidental, donde el respeto a la tradición impera en nuestra manera de justificarnos y entendernos. Un ejemplo ilustrativo de esta repetición y obediencia sería la absoluta rendición al género designado al nacer, y el acatamiento a la linealidad que nos presentan los binomios hombre/mujer, masculinidad/feminidad y la heterosexualidad obligatoria. Nuestra idea es proponer un enfoque emancipatorio de esta inercia de pensamiento, de esta docilidad y sumisión por defecto; ofrecer un marco conceptual que ayude a reflexionar sobre las transiciones y los cambios vitales, y a la transformación del enfoque binario de género y pensamiento.
Para poder adentrarnos en la propuesta gezomática con cierta familiaridad es conveniente hacer un pequeño recorrido por los principios generales del rizoma según Deleuze y Guattari (1980/2015). El primero, se refiere a los principios de conexión y de heterogeneidad. Aluden al hecho de que cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y asevera que debe ser así. La heterogeneidad existe incluso en la comunidad lingüística, donde se pretende un ideal de homogeneidad que el rizoma traduce en inexistente. El segundo principio hace referencia a la multiplicidad. Nos advierte que no hay una única unidad de medida, sino dimensiones en la multiplicidad. El tercero se denomina el principio de ruptura asignificante. Indica que, aunque el rizoma puede ser roto, interrumpido en cualquier parte siempre recomienza según las líneas presentes, desde cualquier punto, ya que no tiene ni inicio ni final. Nos proponen la conjunción “y… y... y…” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 29) para anular la acción del verbo ser e instaurar la lógica del “y” para anular fin y comienzo. Y, por último, el principio de cartografía y de calcamonía que niega la existencia de un eje o modelo estructural, objetivo sobre el que pilotan los sucesivos calcos prefabricados del modelo para ser replicados a imagen y semejanza. “La lógica del árbol es una lógica del calco y de la reproducción”, señalan Deleuze y Guattari (1980/2015, p. 17), muy distinto al rizoma que es mapa y no calco, entendiendo mapa como “abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones” (p. 18). Este principio nos propone pasar de la lógica arbórea del calco y la reproducción a un modelo de experimentación y producción.
Gezoma, que recoge su fuerza de los principios rizomáticos y sus posteriores devenires, es un dispositivo que eleva el género a un entramado rizomático. Un mecanismo que permite transcender el género binario, que posibilita experiencias de “n-géneros” ―o ninguno de ellos― y potencia la creatividad para desbinarizar el género designado al nacer. Emplaza a dibujar nuevos mapas para transitar desde un género designado, a un lugar marcado por el deseo, destinado a aumentar su potencia. Hablar de gezoma, en vez de hablar de género.
Gezoma, al igual que el rizoma, “está relacionado con un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 26). Un mapa que desdibuja el género designado para ir construyendo una nueva configuración de la subjetividad que va a conectar con la situación y el momento: habrá lugares donde se pueda ser altamente persona que vive fuera del género, reconocida en un nuevo estatus fuera del binario (espacios activistas, por ejemplo) y, en el escenario siguiente, desmontar momentáneamente el mapa trazado para volver a formar parte de un lugar arbóreo ―jerárquico, fijo, unívoco, centralizado, homogenizado, duro y esencialista― (en instituciones públicas, a modo de ejemplo). Normalmente, esta posición viene dada por el entorno binarizante que intenta reterritorializar para pasar, de nuevo, a formar parte del Aparato Estado Binario. Buscar las múltiples salidas, las líneas de fuga que permitan desterritorializarse y trazar un nuevo mapa gezomático de producción propia, será una función disponible para ser activada, de manera autodeterminada, en el momento oportuno. Circunstancia mediatizada por la unidad espacio-tiempo-afecto.
Un dispositivo autorregulable que responde a los propios deseos, entendiendo deseo como “el apetito acompañado de la conciencia del mismo” (Spinoza, 1677/2011, p. 132); aunque a la vez, es urgente reconocer que existe la causalidad pasional. Esto implica saber que si podemos ejercer libertad de acción no es sólo porque somos conscientes de nuestras acciones, sino porque conocemos las causas que determinan por qué consentimos accionar bajo el influjo de unas imágenes deseantes (Lordon, 2013/2019, p. 279) al servicio de un Aparato Estado Binario.
Indagar los movimientos de nuestro desear, que nos priva de agencia, se torna imprescindible para cambiar nuestros deseos limitantes. Un ejemplo ilustrativo lo encontramos en el passing o “pasar”. “Pasar” puede definirse como el estado de ser reconocide1 por les demás en un género que une presenta conscientemente en las interacciones sociales (Aultman, 2019, p. 12). En muchos casos, esto implica “pasar” como persona cis y dejar de ser identificada como personas trans en los entornos sociales. Algunas situaciones donde no se “pasa” suponen para algunas personas trans tener que hacer frente a violencias cotidianas. Por otro lado, es importante valorar el impacto del “pasar”, ya que para ciertas personas conlleva entrar en los circuitos de las cirugías corporales para adecuar sus cuerpos al estándar binario con el desgaste económico y emocional, además de los problemas de salud, que pueden derivarse de las cirugías. Entender la presión normativa, nos alerta del riesgo de atribuir los deseos de adecuación a algo erróneo en mí, lo que conllevaría la patologización de la propia experiencia en lugar de un agenciamiento, tan importante para comenzar a conectar con los propios deseos.
De esta manera, las personas que se declaran fuera de los binarios han tomado la determinación de buscar un deseo auténtico, a lo que Deleuze y Guattari (1980/2015) se refieren como un deseo que no esté mediatizado por una identidad fija, asignada y controlada por códigos binarios. Han decidido romper con el lenguaje del ser y adquirir el lenguaje del devenir. Un devenir que te adentra en la experimentación como herramienta clave para poder vivir ajene a una identidad que no sientes como propia, porque nunca la escogiste. Este desear genuino expulsa el delirio del género árbol, inflexible, rígido, inmóvil, que determina cuál es el inicio y el final. Ese acto de agenciamiento incluye permitir experimentar, entrar en el espacio gezomático, que vive el género como un rizoma y no como un árbol; entender ese nuevo experimentar móvil, sin jerarquías, lleno de conexiones; n-mapas que devienen según se va experimentado y que configura seres únicos y también genuinos (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 25). Las personas que viven inspiradas gezomáticamente, subvierten las convenciones establecidas, se sitúan por decisión propia en una realidad postgénero que transciende lo trans, radicalmente antiesencialista y que está atravesada por múltiples ejes de sexo asignado, género designado, etnia, edad y clase que van a configurar su subjetividad (Braidotti, 1994/2000, p. 30).
Al igual que “no es fácil ver hierba en las palabras y en las cosas” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 27), no será fácil hacer gezoma en el género, en los cuerpos, en los afectos, en las palabras, etc. No es fácil escapar de un desear recreado en la desigualdad imaginaria basada en lo que Frédéric Lordon (2013/2019) describe como división del deseo, es decir, asignar imaginariamente a cada persona lo que se le ha permitido desear según su cualidad social (p. 298). El género autodeterminado va a permitir un imaginario del deseo que se tiene que corresponder con el género designado. Este mecanismo perfectamente retroalimentado va a producir “autolimitaciones del deseo por menosprecio de sí mismo” (Lordon, 2013/2019, p. 299) y todo lo que no se ajuste al binario genérico va a producir un efecto de “ilegitimidad” y de auto invalidación de otras maneras de expresar y vivir fuera de la norma. Esto, a su vez, propicia y potencia “el correlato simétrico e inverso de la creencia de los elegidos, creencia en su legitimidad a todas luces, en las autorizaciones naturales que gobiernan sus aspiraciones y en su capacidad de ocuparlas” (Lordon, 2013/2019, p. 299). Gezomar significa desbinarizar para crear nuevos deseos más amables, dejar de imitar modelos cisnormativos para ocupar espacios gustosos, alegres y vitales con una ética afirmativa y sostenible que, tal y como sugiere Braidotti (2017/2018) “nos permita limitar los riesgos y perseguir, al mismo tiempo, un proyecto original de transformación” (p. 175).
Gezoma moviliza regímenes de géneros múltiples, también experiencias de nogénero, no binario, agénero, etc. Se mueve en n-dimensiones abriendo líneas de n-géneros; sin principio ni fin, se multiplica en direcciones marcadas por el devenir del momento, sin reglas prefijadas que dibujen direcciones esperadas, porque no hay normas establecidas, no hay modelos a seguir, no hay referentes que precedan a una experiencia gezomática.
Estas n-dimensiones abren posiciones no binarias, tanto de géneros como de pensamiento, afectos y acción. Buscan romper la biunivocidad con múltiples alternativas que abran opciones de n-experiencias, sin dejar ninguna fuera, pues ya no se establece un límite de opciones, ni un mapa cerrado de posibilidades. Salir del pensamiento binario incluye preguntarse qué cierra cada una de las opciones que aparecen, según Alex Iantaffi y Meg-John Barker (2019), y qué abre y potencia cada nuevo devenir. Un ejemplo sería el paraguas no binario utilizado como etiqueta que engloba una variada amplitud de experiencias de géneros, expresiones, roles e identidades, pero que corre el peligro de convertirse en otra línea biunívoca de binario/no binario, al igual que la pareja cis/trans. Estos binarios, en lugar de multiplicidades, corren el riesgo de dejar fuera todas aquellas experiencias que no son suficientemente trans o suficientemente no binarias.
Gezoma no es estático, ni rígido, ni fijo, se hace cambiando, cruzando (Preciado, 2019) del género designado al nacer a una declaración de no conformidad, de apostasía respecto a lo marcado. También se le puede aplicar la idea de fluidez en la edad, clase social, religión, estado civil, preferencia sexual, nacionalidad, etc. Significa buscar matices, complejizar para abrir y potenciar.
Desde el modelo gezomático, la cisheteronormatividad se puede entender como una reterritorialización de la potencia gezomática, es decir, experiencias que substituyen las conexiones creadoras por vivencias que bloquean, que tallan brotes, que entran en líneas de cierre, de asedio, de cerco provenientes del binarismo. Es, en ese espacio, donde el Aparato Estado Binario captura experiencias subjetivas, afectos, relaciones para transformarlos en algo arbóreo, homogenizante, totalizador, que es lo contrario de gezomar. Es el proceso de capturar el devenir para convertirlo en ser. De ahí, la importancia de las líneas de fuga que se abren con esta imagen de pensamiento gezomática y que permiten extraerse de la captación binaria para volver a devenir n-géneros. Significa retomar un agenciamiento que abra y multiplique conexiones para consentir que broten experiencias vitales desde una inspiración gezomática.
El principio rector ético del posicionamiento gezomático contempla actuaciones encaminadas a posibilitar la creación de espacios vivibles libres de violencias para las personas no binarias. La ética gezomática tiene muy presentes las múltiples formas de violencia ejercidas por las máquinas gobernantes en las relaciones de poder que establecen: discriminación, exclusiones, desigualdades, violaciones de derechos humanos en sus políticas concretas cotidianas y en las guerras deshumanizadas. No podemos olvidar que el capitalismo patriarcal también arremete contra el medio ambiente, como dice Braidotti (2019/2020).
La ética gezomática busca activamente salidas creativas a las encrucijadas del momento, cuestión que nos permite navegar entre las grandes contradicciones de nuestra existencia y de los valores establecidos. Estamos presenciando no sólo una revolución en el género, sino que también estamos atendiendo a multiplicidades de transiciones en diferentes dimensiones. Y somos conscientes que toda transición va a requerir de una fuerte dosis de visión afirmativa de un futuro posible, como nos recuerda Braidotti (2019/2020), que nos abra líneas de fuga transitables, así como una fuerza opuesta que resista los envistes del Aparato Estado Binario.
Las violencias institucionales tienen serias repercusiones en la vida de las personas no binarias al no poner en el centro las diferentes vulnerabilidades que las atraviesan. B. Lee Aultman (2019) explica que la violencia adopta muchas manifestaciones. La violencia física es quizás la más visible. Otras incluyen la violencia emocional. También existe la violencia epistémica: ese sentimiento de borrado, de no ser creíble, de que te expropien el sentido de afirmación (p. 14). Es por ello urgente contar con el compromiso político de sujetos deseosos de una liberación colectiva a través de una universalidad situada. Asad Haider (2018/2020) propone una universalidad insurgente que mire el sufrimiento situado, existente en una misma causa, contra un capitalismo patriarcal y racista que condena a dos tercios de la población mundial a la desposesión material e inmaterial. En este mismo sentido, Braidotti (2019/2020) defiende “una ética afirmativa como práctica colectiva de construcción de horizontes sociales de esperanza, como respuesta a las injusticias flagrantes, a la perpetuación de viejas jerarquías y de nuevas formas de dominación” (p. 68). Pero esta acción colectiva no va a ejercerse de cualquier manera. Inspirándose en la propuesta de Braidotti, la ética gezomática incluiría la estrategia de la “alianza transversal” con componentes “transversales de múltiples ensamblajes de sujetos activos minoritarios” (p. 94) ―más allá de lo trans― y de agentes no-humanos. Para todo ello, se necesita una potente orientación a la acción, protagonizada por un activismo comprometido desde lo personal, lo encarnado y lo situado, con amplias miras a lo universal, al sufrimiento compartido, a los afectos tocados, pero no hundidos. Una acción activista globalmente situada, que abra nuevas líneas mutantes, que facilite experiencias mutadas sostenibles en futuros próximos. Masculinidades femeninas, feminidades poco femeninas, casi masculinidades, androginias masculinas, demi-neutralidades y así hasta n-experiencias significativas.
“Y el hecho es que nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede el cuerpo”
(Baruch Spinoza. Ética, parte III, proposición II, escolio.)
Vamos a proponer entender el cuerpo según dos posiciones teóricas que nos abren imaginarios de desbinarización. Por un lado, Deleuze y Guattari (1980/2015) plantean que “el cuerpo no es una esencia y mucho menos una sustancia biológica; es un juego de fuerzas, una superficie de intensidades; simulacros puros sin originales” (p. 133). En esta afirmación, ponemos a jugar al cuerpo desde un lugar desesencializado, sin una biología predeterminada que nos lleve a malinterpretar la experiencia corporal desde el género. Nos interesan especialmente las intensidades que una superficie corporal determinada puede generar, más que los significados que se acostumbra a dar a los cuerpos según los géneros designados. El cuerpo como potencia singular que se encuentra con otros cuerpos para abrir nuevos mundos posibles. Por otro lado, para Judith Butler (2006), según expresa Nayla L. Vacarezza (2011),
Los cuerpos son el lugar donde se evidencia el constante fracaso de la normativa genérica heterosexista en dividir en dos sexos la enorme variabilidad de los cuerpos, son aquello que se escabulle, lo que no puede ser reducido al lenguaje y se resiste a las normas. (p. 37)
Es interesante como Butler plantea la obligatoriedad de pasar por el lenguaje si queremos nombrar el cuerpo y cómo el lenguaje, con sus androcentrismos y filtros generizantes, limita las posibilidades que un cuerpo tiene. De las dos propuestas vamos a tener muy presente la lectura concatenada que nos ofrece Vacarezza (2011) al concluir que, para ambes autores, no existe nada orgánico en el cuerpo que determine ningún modo de ser.
Cuerpos pasados por el desbinarizador gezomático nos invitan a destruir el organismo como entidad, desmontarlo, es decir, dejar de entender los cuerpos como género (hombre y mujer), para empezar a hablar de órganos con múltiples funciones, desprovistos de toda generización y atribuciones binarias. Nuestros cuerpos han sido adiestrados para reproducir ideales de género binario y decodificarlo significará, en palabras de Félix Guattari (1973/2013), entender que el cuerpo ha sido masacrado por una inscripción cultural, por una visión totalitaria del cuerpo como organización, donde existe la urgencia de desnaturalizar el deseo para eliminar cualquier orden de representación. Nos puede servir entender que, igual que existe un consenso generalizado sobre la función de un corazón, independientemente de su género, desde una visión gezomática, podemos asegurar que los genitales o aquellos órganos bañados por flujos sexualizantes, son órganos multifuncionales que tienen múltiples competencias y pueden dar lugar a múltiples subjetividades. Esto no debe llevarnos a entender que el cuerpo es la suma de sus órganos, como una noción puramente empirista, muy al contrario, sabemos que los cuerpos llevan asociados unas marcas de género difícilmente disociables, y es justamente esta segregación por lo que nos interesa pasar por la desbinarización para poder otorgarle un sentido desterritorializado. Por ejemplo, un pene es un órgano que produce y recibe placer, que puede ser trucado (término utilizado por las mujeres trans para esconder sus genitales), que puede pertenecer a cuerpos que se nombran en femenino o masculino, o de alguna otra manera no binaria, o incluso a cuerpos que desean que su genital sea nombrado de múltiples formas. Tal y cómo nos recuerda Braidotti (1994/2000) “el cuerpo no es algo dado biológicamente, sino que es un campo de inscripción de códigos socio simbólicos: representa la materialidad radical del sujeto” (p. 120). Gezomar el cuerpo va a posibilitar una decodificación de estos códigos socio-simbólicos.
Pero no podemos olvidar que designar género a través de los órganos sexuales viene siendo la práctica médica que ha determinado, desde la segunda mitad del siglo pasado, cómo vivir nuestras vidas en sociedad: qué roles desempeñar, qué lugar ocupar, qué deseos sentir, qué imaginario desarrollar, qué tipo de cuerpo definir, etc., siempre bajo la mirada binaria de dos cuerpos ―macho/hembra― y sus correlatos en dos géneros ―hombre/mujer―. Una norma tan limitada y estricta genera cuerpos residuo, inclasificables e inasimilables. La normalización disciplinaria, que diría Michel Foucault (1976/2007), intenta recuperarlos para volverlos a introducir dentro de su red de cuerpos descifrados, clasificables, asimilables. Los cuerpos trans, los cuerpos no binarios, los cuerpos disidentes, están en el punto de mira de ese dispositivo disciplinario y son engullidos por la norma. Y el resultado más visible queda representado en la famosa inscripción del “cuerpo equivocado del transexual”. Discursos del mundo médico que son asimilados por el imaginario social como si formasen parte de un gen todavía por descifrar que da sentido identitario a las subjetividades disidentes.
Nos recuerdan Deleuze y Guattari (1980/2015) que el “enemigo es el organismo, esa organización de los órganos llamado organismo, que impone formas, funciones, uniones, organizaciones dominantes y jerarquizadas” (p. 163), que impone ciertos cuerpos como válidos y otros son señalados para pasar por cirugías de reasignación. Continúan lucubrando que “el cuerpo es el cuerpo, está solo y no tiene necesidad de la organización orgánica de los órganos” (p.163) ya que eso supone un final donde roban el cuerpo, se apropian de su potencial para extraer de él su significado real y reconvertirlo en organismo circulante conforme a la norma de cuerpos deseantes y legibles por códigos binarios. Es decir, espacios inhabitables para otros cuerpos: trans, no binarios, discapacitados, gordos, no blancos, viejos, etc. La propuesta es arrancar el cuerpo del organismo, deshacer el organismo, como apuntan Deleuze y Guattari (1980/2015) “abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento” (p. 164).
Una de las posibles acciones políticas para desplegar ese poder residual del cuerpo consistiría en subir el volumen al espacio disidente y dejar que hable; preguntarle, al igual que preguntamos al interpelar a la identidad de género, ¿cómo quieres nombrar a tu cuerpo, a tus genitales? ¿Cómo es tu deseo respecto a tu cuerpo, a tus órganos? ¿Qué partes te gustan y cómo te quieres relacionar con ellas, independientemente del género identificado? Os sugerimos desechar la idea esencialista de dos cuerpos sanos ―hombre y mujer― y pasar a desbinarizarlos, desorganizarlos, decodificarlos, gezomar los cuerpos. Porque, tal y como apunta Tulio Alexander Benavides Franco (2016):
Si puede considerarse a los individuos como cuerpos sujetados al interior de técnicas muy particulares de poder, las posibilidades de resistencia a tales formas de sujeción deberían pasar por pensar prácticas que posibiliten la des-sujeción del cuerpo y la creación de nuevas formas de existencia a partir de modalidades inéditas de relación con el mismo. (p. 609)
Una lógica que nos ayuda a desbinarizar los cuerpos consistiría en localizar y situar el cuerpo en un lugar, función, capacidad o incluso deseo: ¿Tendría sentido una práctica sexual entre órganos desbinarizados? ¿Se podría entender el deseo desprovisto de este significado entre el cuerpo, el género, el rol, la expresión? ¿Sería una práctica política afirmativa situar estas decodificaciones en función del lugar, los encuentros, incluso la misma acción política crítica? Volver a codificar el cuerpo en un cuerpo organizado, en este caso nombrándose “mujer”, permite denunciar abusos, violencias y discriminaciones; aunque ello suponga una acción consciente de reterritorialización, al esencializar el cuerpo en un género binario, nos es útil como movimiento estratégico político.
Un ejemplo de lo que proponemos como práctica gezomática que desorganiza los cuerpos es, abriendo una línea de fuga, ver el cuerpo como un espacio somático multifuncional, dotado de órganos y fluidos deseantes. Para ello, vale la pena destacar las propuestas que vienen de la mano de Paul (Beatriz) Preciado (2002) y de Mira Bellwether (2013).
Preciado nos invita a subvertir los órganos sexuales simplemente re-nombrando ciertas partes del cuerpo, de tal manera que, por ejemplo, el antebrazo pasaría de ser la parte tercera en que se divide el miembro superior que cumple una función flexora a denominarse, también y en ciertos contextos, como dildo-brazo y a utilizarse como artilugio masturbatorio (Preciado, 2002). Según nos explica María Medina-Vicent (2016), Preciado incorpora el concepto del sexo como tecnología que se reinventa a través de las prótesis y nos recuerda que el gran error del feminismo ha sido tornar esenciales “los cuerpos como si se tratasen de un punto cero desde el que se va a construir después el género” (p. 991). En definitiva, y tal como se desprende de los planteamientos de Preciado, veremos que no solamente la cultura puede transformar los roles de género, sino que también los cuerpos pueden transformarse para acabar con esa supuesta naturaleza biológica que nos ata a un género u otro. Otra lógica de pensamiento es la que plantea el movimiento cripple que, en palabras de Preciado (2011), redefine “la discapacidad en términos de minoría lingüística, somática, cultural [...], haciendo de la vulnerabilidad corporal una plataforma de acción y resistencia común” (sección “III. Revoluciones somatopolíticas: cuerpos feministas, queer, trans y cripple-queer”).
Por otro lado, Bellwether (2013) nos muestra que un pene no solo es un órgano masculino utilizado para la micción y la relación sexual, sino que se puede convertir en un órgano femenino, en un clítoris, flácido incluso en estado de excitación, susceptible de ser trucado, y que no necesariamente participa del acto sexual.
En otra línea diferente, Deleuze y Guattari (1980/2015) mapean la mano desde diferentes perspectivas: orgánica, ecológica y tecnológica para ofrecernos sus funcionalidades como pata, mano prensil o locomotriz. Nos invitan a entender el cuerpo no como objetos parciales, sino con velocidades diferenciales.
Otra imagen sugerente que abre otra línea de fuga en la operación de gezomar los cuerpos sería compararlo con un aula. Tenemos las aulas antiguas repletas de pupitres colocados en hileras y dispuestos en paralelo mirando hacia la tribuna. Esta disposición se caracteriza por inflexible, arbórea, mono funcional, ya que las sillas no se pueden mover según las características del tipo de uso que se quiera dar al espacio. Por otro lado, tenemos las aulas multifunción, dónde las sillas nos las encontramos apiladas para ser distribuidas según las necesidades de cada momento. Así nos podemos imaginar un cuerpo binario y otros cuerpos gezoma, sin una organización previa y abiertos a ser nombrados según las funciones que se les otorgue en cada momento, o según los afectos despertados, o los fluidos deseantes de los encuentros entre ellos.
Otra metáfora de la descomposición del cuerpo organizado como género binario muy sugerente nos la ofrece David le Breton (1990/2002), que propone mirar los cuerpos queer como si fueran collages surrealistas, obras de artistas emergentes con propuestas modernas e innovadoras que transcienden los marcos normativos de género y se lanzan a un espacio de nueva creación y composición.
En esta propuesta de desorganizar los cuerpos es importante, tal y como nos hace reflexionar Braidotti (1994/2000), tener en cuenta la falta de simetría entre los sexos como la base para una ética posmoderna que tenga en cuenta el fenómeno de los “órganos sin cuerpos” y rechace su aspecto más perverso. Estamos pensando en todo el comercio internacional de órganos gestionado por el biopoder blanco, occidental y de clase social media-alta que se puede permitir estas transacciones de materia viva. Cuando proponemos gezomar los cuerpos, estamos teniendo en cuenta esta posible desviación en el uso crítico de dicha práctica y denunciando su mala praxis.
Proponemos escuchar al cuerpo que grita con fuerza “dejad de juzgarme, dejad de adjudicarme tareas indeseables que no me permiten expresar mi potencial y mi fuerza, dejad de imponerme formas y funciones, jerarquías y deberes, dejad de dotarme de poderes para que trabaje en pos de una organización binarizada y violenta con sus organismos bien ordenados y etiquetados”. El cuerpo grita y los órganos, los afectos, los deseos luchan por una independencia y una desterritorialización liberadora de los estamentos políticos, médicos, jurídicos, del propio verdugo interior que ha interiorizado el mandato de los dispositivos de poder. El cuerpo grita, pero nuestro organismo le impide ser escuchado.
Para poder escuchar al cuerpo se necesita orquestar un plan de consistencia que pasa, tal y como sugieren Deleuze y Guattari (1980/2015), por una desarticulación y por la experimentación (que rebata cualquier intento de interpretación). Esa desarticulación del organismo implica deshacerlo, abrirlo para generar nuevas maneras de entendernos, de conectarnos, de movernos, de desestructurarnos, de nombrarnos, de desearnos y de ser leídes. Pero también, nos advierte de la locura que supondría la ruptura salvaje con la organización dominante. En su lugar, se plantea como estrategia “conservar pequeñas dosis de subjetividad, justo las suficientes para poder responder a la realidad dominante” (p. 101); al igual que propone conservar “pequeñas provisiones de significancia y de interpretación, incluso para oponerlas a su propio sistema cuando las circunstancias lo exigen, cuando las cosas, las personas, e incluso las situaciones, fuerzan a ello” (p. 102). En la voluntad de inspirar sobre este plan de liberación que nos sujeta, proponemos un self-design gezomático, crear mutaciones, nuevos escenarios somáticos multifuncionales que permitan traspasar los márgenes determinados por los propios códigos internos.
“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”
Ludwig Wittgenstein (1921/2002, p. 81)
La potencialidad del enunciado que encabeza este apartado está en la funcionalidad del lenguaje como identificador del límite del ámbito que se nos es dado a conocer. Sabemos que hay experiencias que no son lingüísticas y, por tanto, no expresables. En este caso, estaríamos concluyendo que la realidad no es lenguaje, pero nos quedaría dar cuenta de aquellas experiencias que necesitan ser nombradas para poder existir. Sería el caso de la necesidad de las personas trans y no binarias de ser identificadas por sus nombres y pronombres escogidos. Si no me nombran, no existo. Dicho de otro modo, aquello que podemos expresar debemos conocerlo con anterioridad y no sólo eso, sino que nuestro mundo estará mediado por el lenguaje. No podremos saber que algo existe si no somos capaces de nombrarlo. Entonces ¿cómo aparecen nuevas experiencias si no somos capaces de ponerles nombre, si no les damos un espacio en nuestro imaginario lingüístico? Por este motivo, es pertinente apuntar, como una necesidad apremiante, el proceso de gezomar el lenguaje para poder decodificar los signos que nos van a permitir crear una realidad expandida más allá del pensamiento y el lenguaje binario. Ahora bien, si gezomamos la experiencia podríamos activar un espacio más amplio de realidad y llegar a entender que ambos planos se comunican en múltiples direcciones, sin saber con cierta certeza si antes fue la experiencia o el lenguaje. Sin pretender llegar a una respuesta sólida, proponemos el devenir en un punto cualquiera del proceso como respuesta pasajera y, desde ahí, hacer gezoma. De esta manera, sea cual fuere el primero en reconocerse ―experiencia o lenguaje― se generará un espacio en el habitar que facilitará otras vivencias no reconocibles a través del lenguaje, entendiendo que “el lenguaje no es la vida”, que “la vida no habla, la vida escucha y espera” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 82).
En el escuchar activo de la vida, vamos a conducir la atención hacia los marcadores de género en el lenguaje. Unos marcadores teñidos de poder. Un poder lingüístico orientado a una lucha infernal entre el verbo “ser” y la conjunción “y” (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 101). Un poder que aboga por la unidad de la lengua. Esta lengua mayor se confronta con prácticas menores que se sublevan, que se agencian en una enunciación colectiva fuera del monolingüismo; una lengua menor que aporta variabilidad, lingüística cromática (Deleuze y Guattari, 1980/2015, p. 101). En este escenario menor, se propone transformar las normas lingüísticas establecidas como inmutables por signos lingüísticos situados, que se adapten a las subjetividades emergentes que, de otro modo, quedarían atrapadas en una realidad fija, normativa y de orden mayor.
Pero ¿cuál es ese régimen de signos? ¿Cuál es la semiótica que rige el lenguaje en un posible espacio no binario de género? ¿Cuál puede ser una propuesta alternativa, pragmática, sin una universalidad, ni formalización suficiente que permita navegar por una lógica gezomática?
Se trata de estudiar con detalle las transformaciones a que están dando lugar las experiencias expandidas de género entendidas como un sistema de nuevos enunciados en un campo social determinado. La utilización de los morfemas gramaticales alternativos “e” o “x”, en la comunidad de personas no binarias, actúa como una expresión atípica para constituir un máximo de desterritorialización de la lengua, pero se vuelve imprescindible como parte de las “estrategias que permitan visibilizar a este colectivo minoritario. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a su identidad, a la representación y visibilidad a través del lenguaje y al trato respetuoso de su comunidad” (López, 2020, p. 309). De esta manera, una variación mínima del uso del lenguaje pretende conferir una potencialidad de creación de una nueva realidad. Deleuze y Guattari (1980/2015) argumentan que:
La máquina abstracta de la lengua no es universal ni siquiera general, es singular; no es actual, sino virtual-real; no tiene reglas obligatorias o invariables, sino reglas facultativas que varían sin cesar con la propia variación, como en un juego en el que en cada tirada estaría en juego la regla. (p. 103)
El pensamiento gezomático ofrece un punto de salida de los círculos viciosos lingüísticos de ausencia y negatividad. Isabel López y Lucas Platero (2018) aseguran que “para quien la lógica de «lo uno o lo otro» no sirve, nombrarse como persona «no binaria» implica la negación de lo disponible” (p. 124). Ofrece una transformación de las fuerzas afectivas e inconscientes en fuerzas activas, expresivas y productivas. En el corazón gezoma, hay una lectura afirmativa del ser humano al que se considera como un generador positivo y capaz de desarrollar toda clase de fuerzas potenciadoras, también en el uso del lenguaje. Se trata sencillamente de conectar con la energía transformadora que transcienda lo indetectable para convertirlo en líneas de fuga transitables.
El artículo presenta la noción de gezoma como un dispositivo desbinarizador de códigos socio-culturales binarios que posibilita la deconstrucción de la noción de género, cuerpo, lenguaje y pensamiento binario. Muestra su utilidad a la hora de detectar y desarticular la actuación de la maquinaria transbinarizante: engranaje que articula correctamente preceptos cisheteronormativos, narrativas transnormativas, introyectos disfóricos y un largo etcétera que alcanza su máxima expresión en el Aparato Estado Binario.
El trabajo se ha centrado en proporcionar herramientas para activar una premisa difícil de visibilizar, pero que desde el posicionamiento postestructuralista y transfeminista se ha trabajado en profundidad, que es la idea de la subjetividad abierta, procesual, relacional y dinámica; un nuevo marco teórico que permita dar sentido a las vivencias subjetivas de las personas no binarias en un mundo atravesado por el binarismo.
Por un lado, se propone la idea de pasar el cuerpo por el desbinarizador gezomático. Esta acción nos invita a desactivar el organismo como entidad para empezar a hablar de órganos con múltiples funciones, cuerpos desprovistos de toda generización, espacios somáticos multifuncionales que pueden dar lugar a múltiples subjetividades y que difícilmente pueden ser catalogados únicamente como masculinos o femeninos.
Por otro lado, y en una línea similar, se aporta la idea de gezomar el lenguaje. Una acción que desbinariza los signos lingüísticos para crear una realidad expandida más allá del pensamiento y el lenguaje binario. Se propone transformar las normas lingüísticas de carácter inmutable, por signos lingüísticos situados que se adapten a las subjetividades emergentes que, de otro modo, quedarían atrapadas en una realidad fija, normativa y de orden mayor. Una línea de fuga lingüística mínima pero lo suficientemente incómoda para provocar nuevos lugares de enunciación gracias a lenguas mutantes que facilitan experiencias subjetivas emancipadoras.
Así como Oren Gozlan (2014) resignifica la cirugía trans como una alternativa a la reproducción heterosexual, un renacimiento que se resiste a un origen, un nacimiento del yo que no está ligado a la fantasía de la reproducción, cuyo fin no es la unidad a través de la procreación o la continuidad a través del linaje; el gezoma se erige como una alternativa al fracaso de formas lingüísticas obsoletas, de prácticas de reproducción mimética de un sistema sexo/genero agotado por la propia dinámica productiva de cisheteronormatividad.
Gezoma como una nueva mirada a las disciplinas establecidas, alterando el conocimiento dominante para abrir nuevas líneas de fuga en los debates sobre las cuestiones transgénero, imaginando nuevas maneras de producir realidades, con nuevas narrativas que puedan ayudarnos a ver más allá del binario, cogiendo distancia con las narrativas médicas normativas, pero también con las narrativas transnormativas convencionales. En este sentido, Alok Menon-Vaid (2016) relata su difícil experiencia con las narrativas de transición en su blog, dónde explica que no es que fuera de un género y ahora se haya convertido en otro.
No es que su identidad, su condición de persona, esté definida únicamente por el género. Más bien, es que elle está en un estado constante de transformación, y el género es sólo una parte de ello. La constelación de ideas y personas y estética y lugares que ha encontrado en su vida le ha cambiado fundamentalmente su yo.
Dejemos que el mundo escuche otras versiones actualizadas para que las experiencias empiecen a caminar con andares más agraciadamente afirmativos, desprovistos de la histórica carga médica y del engranaje encorsetado de un sistema binario excluyente. La gente con experiencias expandidas de género quiere una vida que pueda ser, no sólo vivible, sino también explicada desde lugares menos convencionales y, a la vez, deseada y plena. Una vida completa que otorga una sociedad sin miedo a la diferencia, que no solo promete reconocimiento e inclusión, sino que se torna radicalmente potenciadora de relaciones éticamente sostenibles. En la que no vivir no se convierta en resistir frente a una dominación de la que se sale victoriose. Como diría Evans Elliot (2020) “hagamos espacio para la utopía y despertemos a nuevas realidades” (p. 311).
Estudiar la viabilidad de transferir gezoma a la vida cotidiana podría suponer futuros enfoques de investigación. Pensamos en la urgencia de cambios estructurales en las escuelas, sanidad pública, las administraciones en general, etc. ¿Cómo sería gezomar estos espacios cotidianos y cuál sería el impacto en la calidad de vida de las personas no binarias? En este contexto, se vuelve urgente llevar a cabo estudios en esta línea, que permitan medir la eficacia de gezomar espacios públicos para aumentar el bienestar de las personas no binarias, trans y cisgénero.
A modo de apertura y con(in)cluyendo, proponemos hacer gezoma para ir construyendo rizomáticamente un futuro éticamente expandido.
Aultman, B. Lee (2019). Nonbinary Trans Identities. Oxford Research Encyclopedia of Politics (July), 1-23. http://doi.org/10.1093/acrefore/9780190228637.013.1195
Bellwether, Mira (2013). Fucking trans women (FTW) (Volume 1). Create Space Independent Publishing Platform. https://payhip.com/b/hRtK
Braidotti, Rosi (1994/2000). Sujetos nómades: corporización y diferencia sexual en la teoría feminista contemporánea. Ediciones Paidós.
Braidotti, Rosi (2017/2018). Por una política afirmativa. Itinerarios éticos. Editorial Gedisa.
Braidotti, Rosi (2019/2020). El conocimiento posthumano. Editorial Gedisa.
Deleuze, Gilles & Guattari, Felix (1980/2015). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos.
Evans, Elliot (2020). The body in french queer thought from Wittig to Preciado: queer permeability. Routledge. http://doi.org/10.4324/9780429030840
Foucault, Michel (1976/2007). Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber. Siglo Veintiuno Editores.
Franco, Tulio Alexander Benavides (2016). El Cuerpo como espacialidad ambigua: somato-política y resistencias corporales en Michel Foucault. Daimon. Revista Internacional de Filosofía, (Suplemento 5), 601-610. https://doi.org/10.6018/daimon/268671
Gozlan, Oren (2014). Transsexuality and the art of transitioning: A Lacanian approach. Routledge. http://doi.org/10.4324/9781315756073
Guattari, Felix (1973/2013). Para acabar con la masacre del cuerpo. Revista Fractal, 69, 59-68. https://www.mxfractal.org/pdf/fractal69.pdf
Haider, Asad (2018/2020). Identidades mal entendidas. Raza y clase en el retorno del supremacismo blanco. Traficantes de sueños.
Halberstam, Jack (1998/2008). Masculinidad Femenina. Editorial Egales.
Iantaffi, Alex & Barker, Meg-John (2019). Life isn’t binary. On being both, beyond, and in-between. Jessica Kingsley Publishers. Kindle edition.
le Breton, David (1990/2002). Antropología del cuerpo y modernidad. Ediciones Nueva Visión.
López, Ártemis (2020). Cuando el lenguaje excluye: Consideraciones sobre el lenguaje no binario indirecto. Cuarenta Naipes. Revista de Cultura y Literatura, 3, 295-312. https://doi.org/10.31219/osf.io/t5yxa
López, Isabel & Platero, R. Lucas (2018). ¡Faltan palabras! Las personas no binarias en el Estado español. Ex aequo. Revista da Associação Portuguesa de Estudos sobre as Mulheres, 38, 111-127. https://doi.org/10.22355/exaequo.2018.38.08
Lordon, Frédéric (2013/2019). La sociedad de los Afectos. Por un estructuralismo de las pasiones. Adriana Hidalgo Editora.
Medina-Vicent, María (2016). Neurociencia y teoría política feminista. La inestabilidad sexo-género-sexualidad a través de la obra de Paul B. Preciado. Pensamiento. Revista de Investigación e Información Filosófica, 72(273 Extra), 981-996. https://doi.org/10.14422/pen.v72.i273.y2016.012
Menon-Vaid, Alok (2016, 16 de agosto). Transition is constant. ALOK. https://www.alokvmenon.com/blog/2017/3/14/transition-is-constant
Phillips, Robert (2014). Abjection. Transgender Studies Quarterly, 1(1-2), 19-21. https://doi.org/10.1215/23289252-2400235
Preciado, Paul (Beatriz) (2002). Manifiesto contra-sexual. Editorial Opera Prima.
Preciado, Paul (Beatriz) (2011, 2,3 y 4 de noviembre). Cuerpo impropio. Guía de modelos somatopolíticos y de sus posibles usos desviados. [Resumen de presentación de la conferencia]. UNIA Arte y pensamiento. Universidad Internacional de Andalucía. https://www.lrmcidii.org/resumen-del-seminario-impartido-por-beatriz-preciado-cuerpo-impropio-guia-de-modelos-somatopoliticos-y-de-sus-posibles-usos-desviados/
Preciado, Paul B. (2019). Un apartamento en Urano: crónicas del cruce. (Vol. 625). Anagrama.
Spinoza, Baruch (1677/2011). Ética. Alianza Editorial.
Vacarezza, Nayla Luz (2011). Figuraciones del cuerpo con género. Paralelismo y quiasmo. Revista Latinoamericana de Estudios sobre cuerpos, emociones y sociedad, 6, 33-43.
Wittgenstein, Ludwig (1921/2002). Tractatus logico-philosophicus (Traducción, introducción y notas de Luis M. Valdés Villanueva). Tecnos.
Wittig, Monique (1992/2006). El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Editorial Egales.
Zubiria, Martín (2016). Poemario doctrinal de Parménides (1ª edición especial). Universidad Nacional de Cuyo. https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/7654/elpoemadoctrinalparmenides.pdf

SORE VEGA SANDÍN
Doctorande en el Programa Persona y Sociedad en el Mundo Contemporáneo del Departamento de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la UAB sobre experiencias subjetivas y líneas de resistencia de personas no binarias. Docente en diferentes másteres universitarios de género, sexualidad y comunicación. Psicoterapeuta.
sorevegasandin@gmail.com
MARGOT PUJAL I LLOMBART
Doctora e Investigadora en Estudios de Género. Coordinadora de: Centre Joan Rivière de Psicologia i Gènere; Unitat Psicogènere del SPL Psicologia; Grupo de Investigación Des-Subjectant. GESPGI (UAB y IIEDG). Líneas de investigación: género, subjetividad y corporalidad, violencias de género y salud, epistemología feminista y salud feminista.
margot.pujal@uab.cat
JOAN PUJOL TARRÉS
Profesor Titular del Departamento de Psicología Social. Premio Nacional en Ciencias Sociales por la Fundación ‘La Caixa’. Investigación postdoctoral, La Comprensión Cultural del Imperativo Tecnológico. Ha realizado investigación en temáticas como: procesos biopolíticos y necropolíticos; modificaciones corporales y producción de corporeidad; políticas post-identitarias; procesos de (des)subjetivación (gentrificación, subjetividades queer y post-coloniales).
joan.pujol@uab.cat
AGRADECIMIENTOS
A la multiplicidad de voces que hacen posible este texto, a las visibles y a las no tan visibles, todas ellas imprescindibles.
Este trabajo ha sido realizado en el marco del programa de doctorado en Persona y Sociedad en el Mundo Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Barcelona.
FORMATO DE CITACIÓN
Vega Sandín, Sore; Pujal i Llombart, Margot & Pujol Tarrés, Joan (2022). Hacer gezoma. Desbinarizar género. Quaderns de Psicologia, 24(3), e1909.
https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.1909
HISTORIA EDITORIAL
Recibido: 26-01-2022
1ª revisión: 20-07-2022
Aceptado: 05-10-2022
Publicado: 30-12-2022
_______________________________
1 Utilizaremos de manera genérica el morfema “e” como estrategia para movernos fuera de marcadores binarios del lenguaje.