Quaderns de Psicologia | 2022, Vol. 24, Nro. 2, e1749 | ISNN: 0211-3481 |

https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.1749

Recensión de Moreno y Sastre (2020). Por qué vemos dinosaurios en las nubes: De las sensaciones a los modelos organizadores del pensamiento

Conrad Izquierdo

Universitat Autònoma de Barcelona

Moreno, Montserrat & Sastre, Genoveva (2020). Por qué vemos dinosaurios en las nubes: De las sensaciones a los modelos organizadores del pensamiento. Barcelona: Gedisa ISBN: 9788418193736

Las autoras Montserrat Moreno y Genoveva Sastre nos ofrecen una contribución científica con un lenguaje preciso, claro y de elegante sencillez dirigido a un público lector no necesariamente especializado (pero sí preparado para leer textos académicos) en la temática abordada y etiquetada en el título del libro. La extensa información que las autoras manejan se transmite combinando el relato con la argumentación. Y al tratarse de una monografía que pertenece al mismo universo de sus publicaciones precedentes, resulta casi inevitable tomar contacto con otros momentos del desarrollo de su línea de investigación conceptual-(metodológica). En suma, el lector es inducido y seducido a pensar, aprender y cambiar la manera de ver la relación yo-mundo.

Antes de entrar en la arquitectura del texto y cerrar la reseña con un comentario final, voy a destacar algunos aspectos del libro que, desde mi posición de lector, me remiten al campo de intenciones o modos de hacer que la lectura transmite.

Leer para pensar, pensar para aprender, aprender para cambiar

Leer el texto de referencia es poner en cuestión el orden cotidiano de lo que llamamos realidad objetiva. Puede parecer poca cosa si contamos las palabras que necesitamos para enunciar este suceso, pero lo cierto es que plantear la pregunta sobre lo que podemos saber de la realidad tiene múltiples y profundas implicaciones para la interacción y comunicación humana (los sistemas de creencias), y para la ciencia (los paradigmas epistemológicos).

Montserrat Moreno y Genoveva Sastre, psicólogas especializadas en psicología del desarrollo y con una clara trayectoria constructivista piagetiana, comprometen el estudio psicológico de las distinciones y acciones del conocer en sus diferentes contextos, asumiendo que la mente y el cerebro cooperan. Este aspecto central de su propuesta recursiva de campo (Müller, 1991/1994) da sentido y profundidad a la lectura del libro porque pone en relación de mutualidad a la mente y el cerebro cuando se activan las operaciones intelectuales y afectivas del pensamiento, ligadas a la herencia y a la cultura. La conducta situada de las personas es el resultado de propósitos, creencias, deseos, expectativas, percepciones, sensaciones, etc., cuya producción actual también depende de la historia previa de cada sujeto. Con palabras de las autoras extraídas de otro trabajo, al estudio de las características del proceso de conocer la relación yo-mundo “hemos dedicado muchos años de investigación observando y experimentando sobre los caminos que siguen individuos humanos para construir su conocimiento de los sucesos, los objetos, fenómenos, es decir, todo cuanto acontece en su entorno” (Moreno y Sastre, 2010, p. 62).

El espacio hipotético, que propicia la lectura del libro, para pensar qué hay de real en la realidad que vivimos o “por qué vemos dinosaurios en las nubes”, se alimenta de descripciones, metáforas, analogías, citas literarias, etc., que llevan a visualizar las nefastas consecuencias ligadas al hecho de pretender que una determinada coordinación de palabras, que expresan una forma personal de ver el mundo, pueda ser considerada como si fuera “casi” la misma realidad (Borges, 1939/1957).

Si rechazamos las formas totalitarias de explicar y organizar el mundo entonces lo importante es descubrir lo que se quiere compartir por ser bueno y útil para la convivencia y el encaje de la diversidad en los modos de acción, pensamiento y sentimiento (Watzlawick, 1976/1979).

Una derivada de la reflexión sobre la manera de concebir la relación yo-mundo es la consideración democrática de cómo pensamos el bien común en términos, por ejemplo, medioambientales (Krznaric, 2020), es decir, pensar en la viabilidad de la cooperación solidaria y sostenible porque esta se planifica a largo plazo, teniendo en cuenta las dificultades y los conflictos que inevitablemente surgen.

En este contexto, Montserrat Moreno y Genoveva Sastre (2010, 2020) incorporan a su discurso una perspectiva psicobiológica evolucionista conjugada con una visión sociocultural compleja del comportamiento cooperativo de los individuos y los colectivos humanos que se distinguen fundamentalmente por la naturaleza de las relaciones que vinculan a sus miembros. En consecuencia, aprender de dónde venimos para conservar lo que sigue siendo útil y beneficioso al bien común y, a su vez, sacar provecho de los errores cometidos son las dos caras de una misma tarea abierta a todo tipo de posibilidades, pero dirigida a producir cambios que han de ser valorados como innovadores y apropiados por la generación que los propone con visión de futuro y los incorpora como comportamientos y formas de organización matricial de las entidades e instituciones.

Al hilo de esta reflexión, el enlace socioafectivo y cognitivo constitutivo de los procesos de ideación, solución de problemas y toma de decisiones debemos revisarlo tomando conciencia de que los actos producidos en una situación son expresión de la experiencia y la idea que nos hemos formado del aquí y ahora. Lo que sucede después de la acción depende de cómo es el mundo en realidad (el territorio), no de cómo creo que es (el mapa). Comprender esta manera de ver el resultado de nuestras acciones fallidas supone un cambio en la forma de encarar la sorpresa y el desconcierto en el aprendizaje del día a día que propicia todo tipo de actividad social y productiva (Claxton, 1984/1987).

En efecto, los factores psicológicos de la experiencia no siempre encauzan nuestra forma de pensar en línea con las evidencias disponibles. Aceptar que las evidencias no se refieren a hechos sino a las pruebas sobre la forma de relacionar las informaciones en el marco de los supuestos que sustentan las teorías personales y científicas no resulta fácil cuando nos sentimos violentados como consecuencia de nuestras convicciones o simplemente distanciados por la falta de familiaridad.

Pongamos, por caso, las respuestas a nuestras acciones y obligaciones sociales que intercambiamos en las conversaciones cotidianas y el esfuerzo de ajustarlas al contexto interaccional (Winograd, 1981/1987). Otro dominio de interés que me sugiere la temática de los modelos organizadores del pensamiento es el de las primeras impresiones y su evolución con el conocimiento y trato de las personas (Hampson, 1982/1986).

Para Montserrat Moreno y Genoveva Sastre, vivir y aprender conforman un binomio que debe resolverse por la búsqueda heurística-hermenéutica y no solo mediante la aplicación de un algoritmo. El itinerario de este planteamiento queda plasmado en la arquitectura del contenido del libro que me ha inspirado, en calidad de lector, los comentarios y las referencias que anteceden.

Modelos organizadores del pensamiento: ¿Qué son? ¿Cómo se forman?

La Introducción ofrece una clara huella de pertenencia y agradecimiento a las bases conceptuales y metodológicas recibidas de la mano de Jean Piaget y Bärbel Inhelder. Pero también se señala el esfuerzo realizado por expandir el alcance del proceso de construcción del conocimiento científico a cuestiones relacionadas con la forma de pensar en la vida cotidiana. Así es como las autoras ofrecen una visión no parcelada de la actividad mental humana considerando el conjunto interactivo de sus operaciones intelectivas y emocionales en dos contextos (pensamiento científico y pensamiento cotidiano) que se solapan. Desde las primeras páginas el lector puede sentir la fuerza y la pasión que se pone para despertar la conciencia reflexiva sobre cómo nos comportamos. Conmueve darse cuenta de que “ver” no es solo mirar, es mirar e interpretar la realidad.

En el primer capítulo de seis de que consta el libro, se define el concepto complejo de modelos organizadores. Estos son el resultado de la actividad del sujeto que organiza los elementos seleccionados de la experiencia, con sus correspondientes significados, de manera que resulte un conjunto o sistema que le parezca coherente y del cual extrae determinadas implicaciones pragmáticas y personales que guían su comportamiento.

El capítulo se consagra a desmenuzar los elementos de la definición de modelo organizador. Se señala la importancia del estado emocional de las personas tanto a la hora de seleccionar unos u otros elementos de la experiencia y asignarles significado para sus vidas como cuando el modelo organizador es el que desencadena una determinada vivencia afectiva en relación con una situación presente o recordada. La selección inconsciente de los datos, la externalización narrativa y gráfica de su presencia interna y el peso diferencial del background de intereses, conocimientos y creencias son otros señalamientos a tener en cuenta al aproximarnos por algún medio a los modelos organizadores subyacentes al discurso o comportamiento de las personas.

En cuanto al rol del modelo organizador en el pensamiento cotidiano y pensamiento científico, se constata su carácter selectivo, permanente y a su vez modificable de los significados incorporados. Tanto es así que el cambio puede afectar incluso a la organización interna del modelo y a las implicaciones que se extraen de la construcción teórica del pensamiento cotidiano o científico.

Significada la propiedad sistémica de los modelos organizadores del pensamiento cotidiano y el pensamiento científico, en el capítulo dos se aporta, en primer lugar, información para ilustrar la conexión cooperativa entre los diferentes niveles de conducta (del sensorial-motriz al intelectivo formal) y el isomorfismo observable en la forma de operar a nivel de las percepciones y de las representaciones, que son los ladrillos de los modelos organizadores del pensamiento.

El tema de la representación mental o la duplicación de la realidad de las percepciones construidas, capítulo tres, es objeto de un análisis detallado porque aborda la cuestión central de la definición de modelo organizador: “un sistema o conjunto dinámico y organizado de representaciones mentales”. El significado de la palabra “representación” en las ciencias humanas se revisa y el concepto de representación mental (no copia de la realidad) se discute en el marco de las investigaciones de las neurociencias cognitivas.

En el capítulo cuarto, se aborda la dicotomía cognición/emoción. En todo momento del texto leído ha aparecido una visión integrada y no opuesta entre el corazón y el cerebro. Ahora se retoma el tema desde una perspectiva histórica que conduce a postular la unidad del sistema cognitivo-afectivo aportando ejemplos, experiencias personales, conocimiento sobre el desarrollo psicológico en los primeros años de la infancia e incorporando voces, como es el caso de la reinterpretación de Ivan Pavlov. Todo ese generoso esfuerzo argumentativo acaba cristalizando en la hipótesis del pensamiento in-corporado. Si aprendemos y recordamos con todo el cuerpo, entonces es posible buscar la confluencia de las distintas formas psicológicas de construir significado que oscilan entre el razonamiento y la pura emoción. La síntesis emoción-pensamiento, representada en los modelos organizadores, es el dominio seleccionado para ilustrar la complejidad cognitiva-afectiva del amor y de los sentimientos con los que se relaciona. El proceso asimilativo de las vivencias sentimentales y su ajuste interactivo con los contextos también dinámicos de la vida cotidiana son objeto de una amplia discusión. Y el conflicto relacional, el cambio personal en las relaciones y la perspectiva de género son las tres dimensiones consideradas. La importancia de la educación emocional vinculada a la construcción y revisión de los modelos organizadores del pensamiento ocupa el lugar de cierre de este intenso capítulo.

El capítulo quinto sigue con el largo periplo (verbalizado por las autoras) de compartir el rico bagaje de conocimientos y experiencias sobre los modelos organizadores del pensamiento. La denominación de modelos matriciales supone un paso más a la hora delimitar el alcance de este enfoque para el análisis psicológico de los sucesos de la vida integrando la territorialidad de las experiencias y jerarquizando los enlaces emergentes. Con la incorporación del término “matricial” se asumen los criterios de modularidad y anidamiento. Entiendo que la búsqueda de un método que permita aislar (delimitar, identificar y nombrar) los modelos matriciales a partir de un material oral/escrito biográfico o ficticio es la inquietud que está presente en este capítulo. La investigación de Antonio Armada, realizada en el dominio del comportamiento moral, ilustra la opción por la metodología cualitativa, aunque no se explicita el procedimiento seguido para hacer visible los patrones que corresponden a modelos matriciales distintos. El segundo ejemplo que se propone para saber más cómo funcionan los modelos matriciales pertenece al dominio de las matemáticas; y la interesante e ingeniosa experimentación llevada a término con estudiantes universitarios fue diseñada por las autoras del libro. En este estudio se trata de identificar lo que ya está formulado e incorporado como procedimiento que lleva a la solución del problema. Aunque no pasa inadvertido que el uso de algoritmos facilita respuestas rápidas y útiles, la novedad de las soluciones que propician acostumbra a ser escasa o inexistente. Por eso me parece muy interesante considerar los esfuerzos de los participantes que no disponían en ese momento del conocimiento matemático necesario y por tanto tuvieron que echar mano de un procedimiento heurístico aprovechando otros recursos interiorizados. Entiendo que este capítulo está abierto a nuevos recorridos orientados por cuestiones metodológicas de fondo.

El capítulo seis, y último, es un chorro de información sobre los orígenes y la evolución de la vida hasta considerar el lugar que ocupa la humanidad en el mundo. Los humanos de hoy no somos especiales, pero todo apunta a que una parte de la humanidad se comporta de una forma especial cuando no reconoce sus orígenes ni los condicionamientos que se derivan de su vinculación activa con los entornos naturales, sociales y culturales que hacen posible el ciclo vital de cada generación. Repensar el mundo, no aceptar las inercias y confiar en la suma de las pequeñas fuerzas constructivas existentes en cada momento es una llamada a la colaboración que se dibuja sostenida por el amor, al tiempo que se dispone de los medios intelectivos y sociales para resolver los conflictos de forma constructiva.

En resumen, el trabajo de investigación de Montserrat Moreno y Genoveva Sastre, profesoras eméritas de la Universidad de Barcelona, queda recogido y comprimido en este libro que, a mi entender, es la primera entrega del trabajo de síntesis de su teoría funcional sobre los modelos organizadores territoriales y matriciales del pensamiento. Quedan pendientes, para el lector que quiere saber más, otros aspectos no menos importantes sobre cómo proyectar los estudios empíricos sobre esta temática ampliamente desarrollada, ilustrada y argumentada.

Referencias

Borges, Jorge Luis (1939/1957). Discusión. Emecé.

Claxton, Guy. (1984/1987). Vivir y aprender. Psicología del desarrollo y del cambio en la vida cotidiana. Alianza Editorial.

Hampson, Shara (1982/1986). La construcción de la personalidad. Una introducción. Paidós.

Krznaric, Roman (2020). The Good Ancestor. Ebury Publishing. Edición de Kindle.

Moreno, Montserrat & Sastre, Genoveva. (2010). Cómo construimos universos. Amor, cooperación y conflicto. Gedisa.

Moreno, Montserrat & Sastre, Genoveva. (2020). Por qué vemos dinosaurios en las nubes: De las sensaciones a los modelos organizadores del pensamiento. Gedisa.

Müller, Karl (1991/1994). Bases elementales y elementos básicos para una teoría constructivista de la acción. En Paul Watzlawick & Peter Krieg (Comps.), El ojo del observador. Contribuciones al constructivismo (pp. 195-131). Gedisa.

Watzlawick, Paul (1976/1979). ¿Es real la realidad? Confusión – Desinformación - Comunicación. Herder.

Winograd, Terry (1981/1987). ¿Qué significa comprender el lenguaje? En Donald A. Norman (1987), Perspectivas de la ciencia cognitiva (pp. 275-314). Paidós.

CONRAD IZQUIERDO

Professor honorari. Departament de Psicologia Bàsica, Evolutiva i de l’Educació. Fa-cultat de Psicología, Universitat Autònoma de Barcelona.
conrad.izquierdo@uab.cat

FORMATO DE CITACIÓN

Izquierdo, Conrad (2022). Recensión de Moreno y Sastre (2020). Por qué vemos di-nosaurios en las nubes: De las sensaciones a los modelos organizadores del pensa-miento. Quaderns de Psicologia, 24(2), e1749. https://doi.org/10.5565/rev/qpsico-logia.1749